sábado, 20 de septiembre de 2008

Buidor

Vinc fugint a trobar una plaça sola, un camí perdut o un tros de ciutat només per a mi. No puc. Els carrers són plens de gent que riu i somriu. És Festa Major i a la Plaça Major hi ha de tot: gegants, foc, discursos, polítics, protestants (que protesten), gent anònima, somriures, aplaudiments, xiulets, pluja, paraigües, policia, núvols, finestres, escenaris, instruments i carrer, molt carrer que no acaba mai.

Cerco quelcom dintre meu i no hi trobo res. Un cop més, els pilars han caigut. Aquest cop sé per què. No es poden tenir pilars fora d'un mateix, perquè quan fallen, un falla, i no ens podem permetre fallar. No. Construiré cada dia una mica més de pedra i ferralla que ompli els buits que sempre deixes. Semblo boig, patètic i vull expulsar-ho tot. Depenc massa i he d'aprendre a ser més lliure, anar a la meva. Potser la buidor marxi si l'omplo de paraules plenes de certesa. Tant de bo. Ara, les paraules estan orfes de certesa. Tot dubtes, tot. Temps i espai s'entrecreuen en un atac de mal de cap. Què fer? No ho sé. Mai ho sé. Deixarem córrer sempre l'agulla del temps per l'asfalt de l'espai, i mentrestant seguiré venint, fugint, a buscar un carrer, una plaça, un tros abandonat de ciutat.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Todo sigue igual

Empieza hoy el año segun algun iluminado. Pues sí, creo que tiene razón. Hoy, después de muchos días adormecidos por el nihilismo vacacional, el ruido vuelve a la ciudad. Ruido en mayúsculas.
A algunos aún nos quedan unos días de descanso, de recargar las pilas para volver a empezar. A otros, nada de eso. Hoy, vuelvo a oír rugir a los coches y autobuses. Hoy, vuelvo a ver a los peatones caminar con un cacao mental apartente impresionante. Hoy, vuelven a sacar fuego entre los colmillos los televisores, vuelven los libros a las estanterías de dónde salieron, y empieza a agonizar el verano, aproximando muy a su pesar la caída de las hojas y la llegada de la ropa de abrigo. Hoy, me doy cuenta de que todo sigue igual.

No nos daremos cuenta, y ya colgaran de las calles las luces de Navidad. Volveran las gentes a inundar las calles en busca de cualquier objeto sin más valor que el material. Volveremos a olvidar el verdadero valor de las cosas, enfríaremos las relaciones personales, y nos sumergiremos sin quererlo pero sin más remedio, en el día a día, en la rutina, en la kafkiana repetición que adormece con el frío los atardeceres del otoño.

Y estoy seguro que volveremos a preguntarnos cada día al aplastar los colchones: ¿Para qué? ¿Para qué todo ésto? ¿Para qué me levanto, me machaco, y me vuelvo a levantar, si todo sigue igual?

Radica en el número de personas que se hagan esas preguntas, la utilidad de todo ésto. Titulaba un compañero hace poco un artículo sobre las bases para el cambio de este modo: La potencia de tanta impotencia.

Somos muchos los que creemos que todo ésto es una mierda. MUCHOS. Este verano hemos seguido viendo lo de siempre en diferente formato. Nos siguen llenando los oídos de la palabra crisis sus responsables, vemos como se calientan las pugnas entre los países de la Unión Europea, entre distintos bloques que parecían haberse difuminado, vemos como crecen las tensiones y las discordias en los aparatos institucionales, etc. Y todo movido por un mismo mecanismo: el mecanismo del interés por el máximo beneficio. A uno le da asco ver como tratan a las personas: como simples objetos movidos de la manera más conveniente para obtener el máximo rendimiento. Este rendimiento se reparte luego entre unos pocos, y a los demás que les den.

Miren sinó como nos tratan a todos:

- Señor imigrante bienvenido a nuestro país. Gracias por venir y por prestarse precariamente a cuidar de nuestros mayores, a construirnos los chalets y a cosecharnos las lechugas. No obstante, ahora debemos informarle de que ya no nos hace falta, tenemos crisi y lo último que nos podemos permitir es pagarle la seguridad social. Vaya usted con Diós y con suerte, que la va a necesitar en el centro de internamiento que le hemos preparado.

- Señor trabajador bienvenido al engranaje que le da de comer. Le informamos que está usted supeditado a nuestro interés, por si no lo sabía. Así pues su salario y su puesto de trabajo quedan condicionados por nuestra ganancia, la cual no pensamos reducir ni un euro. Le informamos también que puede usted afiliarse a Comisiones a UGT, con las cuales mantenemos cordiales relaciones. Como no, puede usted ejercer su derecho a voto en esta magnífica democracia, contribuyendo así a nuestro hermoso juego. Elija: PP o PSOE? Eso va a su gusto, elija el color: azul o rojo. Por cierto, buena suerte: la va a necesitar.

- Querida señora. Oh gracias por tu eterna solidaridad, por trabajar horas y horas cobrando menos que cualquier hombre. Gracias también por limpiar la casa y cuidar de tus hijos durante toda la puta vida sin cobrar un puto duro. Le informamos que no nos gusta que su marido le pegue, pero seguimos impulsando prototipos machistas. De la misma manera nos complace informarle de que quizás nos planteamos darle el derecho a decidir sobre su cuerpo, aunque solo lo haremos si nos hacen falta unos pocos votos. Ah, nos descuidábamos, mucha suerte.

- Querido estudiante, gracias por elegir nuestra magnífica red universitaria. Esperemos que se adapte pronto a las duras condiciones del estudiante. Le informamos que este año empezaremos a machacarle con horas no presenciales, y vigilaremos cualquier movimiento suyo. Todo es por su bién, y por el bién de la educación pública, gracias. Le subiremos las tarifas y le daremos un enseñamiento más generalizado. Si se quiere especializar pague usted, gracias. Si se pasa un pelo de la raya, contamos con un dispositivo de gosos de cuadra que le darán una ejemplar paliza. Si necesita cualquier cosa, no dude en hacernoslo saber. Por cierto: suerte, mucha suerte.

- Querido medio ambiente, le informamos que nos la sopla su estado. Como ha podido observar en este último siglo, sus recursos son nuestra vida, y sus límites nos los pasamos por el trasero. Le adelantamos que va a sufrir usted un calentamiento que no sabemos si podrá aguantar, pero tranquilo que podemos reducir alguna emisión si nos vemos muy apurados. Por cierto, suerte...Ah, ¡no! Que a usted no hace falta que le mintamos, no nos entiende.

Querido ciudadano vaya usted a votar, y participe así del magnífico juego de la democracia. Le garantizamos que estaremos abiertos a cualquier petición y escucharemos sus problemas como si fueran los nuestros. No dude ni un instante que los intereses privados no seran para nosotros ni un límite ni una ambición. No dude que dejaremos de crecer, que le aumentaremos los derechos y le reduciremos los deberes. Haremos escuelas, guarderías y hospitales, y nuestros mayores estaran bien cuidados. Ni un solo ciudadano vivirá debajo de un puente, pues contamos con la espléndida carta magna que los ampara. Podran ustedes expresarse sin miedo a la represión. Podrán ustedes decidir sobre su futuro y el de su descendencia. Eso sí, vótenos, porqué si no no nos podemos pasar todo esto por el forro.

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Hoy, día 1 de setiembre, quiero apartar la impotencia y escupirles a todos en la cara. Quiero darle la mano al africano que se muere de hambre, al osetiano destruido por la guerra, al oriental asesinado por decir lo que piensa, al ecuatoriano asfixiado por una deuda que nunca contrajo, a la norteamericana que perdió a su hijo en Irak, al mundo entero. Hoy quiero hacer saber a todo el mundo que aunque todo sigue igual, solo depende de nosotros cambiarlo. Hoy quiero salir a la calle, cogido de la mano del rebelde, y decirles a todos que estoy harto, que basta ya de hipocresía y de mentiras, que nos den lo que es nuestro. Hoy, me gustaría vengar las lágrimas, la sangre y els sudor de tanta gente que desfalleció en el intento, y gritar con un clavel en la boca que otro mundo es posible, y que solo depende de nosotros para cambiarlo.

Suerte en este nuevo año.



viernes, 22 de agosto de 2008

Vuelo sin destino

In memoriam a las víctimas del trágico accidente aério del 20 de agosto

17 de agosto


Trabajo. Trabajo. Trabajo y no paro de trabajar. Las últimas vacaciones que tuve fueron ya hace tres años. Maria tenía siete años y Lourdes doce. Mercedes, mi mujer, aún me quería, y cada noche bajaba con ella a la terraza principal del hotel a tomar algo. Después, como dos fugitivos, nos bañábamos desnudos a la luz de la luna, dejando que la sal impregnara nuestros labios. Las niñas se quedaban con mi madre. Decía que esas no eran horas de ir a ningun lado, pero yo se que sus palabras eran rutinarias, no las sentía. La verdad es que las niñas, después de morir mi padre, siempre le han hecho mucha compañía.

18 de agosto

Acabo de llegar del andamio. Creo que durante todo el día mente y cuerpo no han ido acordes ni una sola vez. Mientras mis manos ponían tochos, unos encima de los otros, mi mente soñaba en la playa, en la siesta después de comer, en los masajes de mi mujer, en los besos de mis hijas tumbadas en el césped. Nada de eso. Me hice ilusiones y fuí a ver a Luís, el jefe. Le expliqué todo el rollo de Lanzarote, de que me haría ilusión y tal. Me ha dicho que ni en sueños, que no puede ser.

19 de agosto

A primera hora he ido a la agencia de viages del curro. Le he dicho a Ana, la señorita que me ha atendido, que quería cuatro billetes de avión a Lanzarote y cuatro noches en el mejor hotel que hubiera con plazas libres a pensión completa. Creo que Luís no es nadie para quitarles a María, Lourdes, Mercedes y mi madre, el derecho de disfrutar de unos días de descanso. No. Así que, al llegar a casa le he dicho a Mercedes que cerrara los ojos, a las niñas que dejaran de jugar y vinieran al comedor, y a mi madre que prestara atención. He sacado los billetes del bolsillo, y no me podido estar de besar esas sonrisas.

21 de agosto

Hoy, pienso que debería haber emprendido el vuelo con ellas. Luís fue el primero en llamarme. -Iban dentro?
No pude evitar romper a llorar como un niño. Como un niño recien nacido que aún no sabe que es lo que la vida le depara. Hoy ha sido el día que más he llorado de mi vida. Han volado, y no sé con qué destino.
Todo fue muy rápido. Las besé y las dejé facturando. Cogí el coche y al llegar a casa puse la tele. Congelé en mi retina la columna de humo negro, mientras las palabras de la periodista golpeaban mis oídos. - Siete muertos y decenas de heridos en un accidente aéreo en Barajas. Al parecer, un vuelo de la compañía Spanair con destino a Canarias se ha salido de la pista en el momento del despegue y se ha incendiado.
Corrí desesperado por toda la casa en busca del resguardo de compra de los billetes. Lo agarré, lo arrugué, y pude vislumbrar entre lágrimas el nombre qué no quería encontrar: Spanair.
Miré de nuevo al televisor y llamé automáticamente al teléfono especialmente habilitado para los familiares de las víctimas. Recité, con media voz, los nombres y apellido de las cuatro.
- Han corrido suerte -me dijeron. Suerte. Suerte. Suerte.

Emprendí con el coche el mismo camino que había hecho para volver a casa. Decenas de ambulancias se agolpaban en los aledaños del aeropuerto. Un policía me detuvo. - ¿A dónde se dirige?. - Cuatro familiares iban dentro. - Pase. Derrapé a la entrada de la terminal y no podía creer lo que oía. - Llegan nuevas cifras. La delegación del Gobierno confirma 45 víctimas mortales. Segun diversas fuentes, el avión está incendiado y hecho a pedazos. Los 19 supervivientes están siendo evacuados a los hospitales más cercanos, con heridas graves.
Una psicóloga me dijo a la entrada que mis familiares no se encontraban entre las 45, pero que debía esperar a que acabara el rescate de cuerpos, porqué no se había confirmado cuantos quedaban con vida. - Asientos 21, 23 y 42, 44, grité. -Tranquilo, pase a esta sala.

Me mordía las uñas, me las deboraba mejor dicho. Estaba esperando noticias. Buenas noticias. Quería ver a María, a Lourdes, a Mercedes, a mi madre. Eran lo único que yo tenía. Lo único. ¿Qué iba a hacer sin ellas? A los pocos minutos, una señora se me acercó y se sentó a mi vera. Me pasó la mano por la espalda, y me dijo que lo sentía. En ese momento mil historias pasaron por mi mente. Mil. No sabía a qué se refería. ¿Qué sentía? La señora de enfrente mío echó a llorar abrazada a un hombre. Y yo, miré por última vez en mi cartera los retratos de todas ellas. Me cogí de los pelos y exhalé un gemido de desesperación. 156 muertos, hoy a lo lejos que chillaba una mujer.

Ahora solo me quedan lágrimas en los ojos. Toda mi vida reducida a lágrimas. Yo solo quería que disfrutaran en Lanzarote, y ahora vuelan a un lugar desconocido. Ahora, no me queda nada. Ahora, creo que no merece la pena volver a casa a dormir. Quisiera no despertar una vez se cerraran derrotados mis ojos. Quisiera irme con ellas, las cuatro. Hoy, no puede empezar una nueva vida. Hoy, el azar, la suerte, la mala suerte, me ha arrebatado en un segundo todo lo que más quería en este mundo: María, Lourdes, Mercedes y Joaquina, mi madre.

domingo, 17 de agosto de 2008

Esta noche

A la Laura

Esta noche te besaría tantas veces,
que abriría un orificio con mis labios en tu piel,
y crecerían de éste millones de flores de jazmín
que conquistarían tu mejilla.
Si esta noche pudiera abrazarte con los brazos
y no con el recuerdo inmediato,
enterraría cada incertidumbre en el lugar dónde salió
y te abrazaría sin dudarlo.

Esta noche te apretaría la mano,
estrujaría tu cintura con todo el amor que pudiera,
y te llevaría a la estrella más grande,
a la que más brillara, la más semejante a tí.
Si esta noche pudieras leer en mi mirada,
el ansia que la abarrota impaciente,
me besarías tantas veces
que abrirías con tus labios en mi piel un orificio.

Esta noche abarrotaría de pasos
cualquier camino que nos alejara,
y crecerían mi lado flores de prisa,
alentando mi carrera hacia ti.
Si esta noche pudiera escribirte en la espalda
con mi aliento un bello mensaje,
recobrarían mis dedos la vida
y la costumbre de volver a verte junto a mí.

viernes, 8 de agosto de 2008

Hoy recordé que aún te recuerdo

In memoriam a Enriqueta Ballesteros Sánchez, la yaya Enriqueta.

Te recuerdo, y cada día hago mil intentos para rescatar esa anécdota que ha de salvarte del olvido. Te echo de menos, y te palpo con las manos acariciando las sábanas. Me paseo por el piso y aún te siento, y aún te veo, y aún puedo quererte como hace tres años largos.

Puedo dislumbrar tu silueta sentada en el sillón, con las manos puestas en la barbilla, con los ojos cerrados, los oídos empapados de música y la mente extraviada en tu Andalucía natal.
Puedo aún oír tu carcajada y atender a tus palabras, puedo aún acariciar tu piel blanca y fina, y besar tu mejilla tersa. Puedo aún abrir mis brazos y llenarlos de tí. Puedo aún remontarme más allá y verte amando a tu marido y criando a tus hijas. Puedo aún oler tus guisos, y aprender de nuevo lo que tanto me enseñaste. Puedo juguetear y corretear, puedo recibir tu castigo y tu immediato posterior cariño. Hoy, quiero más que nunca, rescatarte de la otra orilla. Hoy quiero cruzar nadando como sea ese cruel mar y traerte aquí de nuevo, y volver a explicarte por enésima vez la más remota cosa. Quiero volver a sentarte, quiero volver a levantarte. Quiero salvarte como sea. Y no puedo, porque es imposible. Quiero lograrlo y no caer en la resignación.

Si pudiera... Te sujetaría tan fuerte. Te abrazaría con tanto amor y agradecimiento que traería de nuevo el recuerdo, de nuevo la salud y la sonrisa a tus labios. Y se acabaría la pena, el dolor y ese inevitable partir. Secaría las lágrimas de cualquier caprichoso azar que se atreviera a volver a llevarte y las convertiría en fortaleza ante la certeza del destino último. Golpearía con rabia el abandono. Y no me cansaría jamás de maldecir a aquel que te llevó.

Quiero recuperar tu espontanio baile, tu leve harmonia. Tu cabello y tu rostro. Tu belleza. Tu amor.

Hoy no puedo, pero sigo queriendo traerte. Quiero no dejar nunca de recordarte, quiero impregnar mi descendencia de tí, y así salvarte del olvido. Lo haré.