lunes, 3 de agosto de 2009

Salgo a la calle y veo cemento,
Prados poblados de cementerios
En qué el asfalto es la pócima
De millones de personas
Que no saben a quién aniquilar.

Aparco en doble fila la soberbia
y disfrazado de nube gris
disfruto sentado de un verano
que aún no ha visto llover.
No han limpiado las calles.

Contengo con esfuerzo el vómito
Y no saludo a ningún desconocido.
Acuchillo sin reparo los silencios,
Y abrasado por el reflejo del sol,
Mato mil horas que se apoyan en mi reloj.

Quisiera poder volver a nacer,
Inventar yo los fonemas de su voz.
Elegir qué es lo antiguo y qué lo nuevo.
Conocer desde el principio su muslo,
Y amarlo como un golpe de calor.

Me envuelvo de maná en sus ojos
Marrones, casi eternamente azul
Lleno de confusión mi calma,
Y veo por las olas, pasar su amor
En ruinas, de hace mucho tiempo ya.

He vuelto a esperar, a verter nuevos
Esfuerzos. Para apagar mi luto,
Para poder sobrevivir, y tal vez,
Si pasara un cometa, a vivir,
Borrando mientras tanto cualquier desecho.

Tras sintácticas construcciones estelares,
Podríamos dormir, y ser felices.
Cultivar existiendo la existencia,
apresurando lentamente nuestro andar y
Experimentar del cielo la comprensión.

Allí, detrás de la estrella polar conocer
Un sentimiento parecido a un precipicio.
Allí, detrás del mar lunar no conocido,
Una posibilidad remota de llorar,
Y después de la tormenta: hallar en ti todo.

Como una flor de mayo: tu mejilla.
Como pequeñas callejuelas, tus dientes
Que intentan evitar la entrada de
Mi lengua que obedeciendo a mi cerebro,
Irreverente, quiere violar las horas.

No conozco ni leyes, ni críticas,
Y pienso dar palabras, voces a tu oreja,
Hasta que llene mil calendarios.
¿Te imaginas ver nacer, inaugurar generaciones?
De momento, solo letra.

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