lunes, 22 de noviembre de 2010
para violin y pereza
en alfombra mayor.
A ras de suelo: su culo.
Redondo en las forma,
seda en el tacto,
pulpa en el beso
Luz en las nalgas,
y en el contorno
intuyo el polvo
colisionando
con el vello.
Se alarga entonces
la erección,
como se alargan
los días en
las tardes de marzo.
El cuerpo pide tiempo,
pausa y sosiego.
El tiempo,
que se pasa las horas
pasando,
nubla sus piernas
y pide cuerpo,
pide alma,
pide amor.
martes, 5 de octubre de 2010
Introductòria a una escapatòria
No fa pas tant que
fugíem de la mà
com dos bojos,
perseguits per les ones
i l'alè del cel fosc.
O miràvem la nit
a l'espigó
cercant secrets
vora l'orella.
M'amarava del cristall
del teu bes tebi i
m'esfondrava
per l'estimball de
l'esquena imperfecta.
I la son era nul·la,
i la por no existia
i tot era bo, i el bé
era promesa constant.
Certesa, al capdavall.
No fa pas tant, però, que
als teus ulls vaig llegir
la prosa d'un final eixut,
i ara: ara els somnis són escàpols.
martes, 29 de diciembre de 2009
domingo, 22 de noviembre de 2009
Elegía
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma tan temprano.
Alimentando lluvias, caracolas,
y órganos mi dolor sin instrumentos,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler, me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano está rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero mirar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.
Volverás a mi huerto y a mi higuera,
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas
y tu sangre se irá a cada lado,
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas,
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
Miguel Hernández